El
ser humano es, en un nivel muy básico, una máquina para recordar. Es un disco
duro móvil, que palpita y sangra cuando se lo hiere; pero, aunque sea rayado,
roto o desconectado, no deja de guardar información. Por eso el mundo en el que
vivimos ha sido construido tal como es. Hecho para que todo recuerde. Las calles son vitrinas de
recuerdos, llenas a tope, sino de memorias, por lo menos de preguntas para los
desprevenidos e ignorantes de las historias que ocupan cada lugar.
¿Por
qué habrá allí vidrio roto? ¿Siempre estuvo este local aquí? ¿Por qué eligieron ese
color para la fachada? ¿Qué hacen colgados esos leotardos de la pared? Son las
cosas que podrían pasar por nuestra mente, mientras uno va descubriendo cuales
son las historias propias que van a verse cuando pase frente a cada lugar.
Además,
resulta que no solo es la mente la que guarda cosas, sino que también el cuerpo
almacena información y, a veces, de manera mucho más precisa. La memoria del
cerebro acumula las imágenes de los días de nuestra niñez, de la época del
colegio, durante el matrimonio de algún tío lejano; tiende a olvidar, a borrar -a veces de manera aleatoria, a veces de manera selectiva-; tiende a tergiversar y a equivocar; nuestros recuerdos no son una fuente confiable la mayor parte de
las veces. El cuerpo, por su parte, no suele cometer esos errores. Sí, toma más
tiempo que él aprenda; toma mucho tiempo hacer que unas manos toquen bien la
guitarra o que un brazo lance correctamente el balón; la mente habrá hecho
muchísimas cosas en el mismo lapso en que una persona aprende a patinar, pero
eso que el cuerpo aprende difícilmente lo olvida. Aun así, ambas memorias funcionan de una
manera muy similar, ambas recuerdan mediante el mismo proceso: repiten sin
cesar, repiten, repiten, repiten. Memorizar un poema es igual que aprender el
solo de Stair way to heaven: todos
los días uno se levanta, lee el poema o toca las cuerdas durante un par de
horas, todos los días se hace, una y otra vez, hasta que se puede interpretar y
recitar sin problema, guía o esfuerzo titánico.
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